Departamento de Ciencias Biomédicas Básicas de la Facultad de Ciencias Biomédicas y de la Salud de la Universidad Europea de Madrid.

Enfermedad de Parkinson.Una mirada a la historia

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04-06-2018

La descripción formal de la Enfermedad de Parkinson es atribuida al ilustre médico inglés James Parkinson (1755-1824). El epónimo de Enfermedad de Parkinson lo acuñó Jean Marie Charcot (1825-1893), con el propósito de darle crédito a su colega inglés pero, paradójicamente, tardó en ser utilizado en Reino Unido, quizás porque James Parkinson no era uno de los pilares de la sociedad médica de la época. Parkinson, en su tiempo, no fue muy conocido en el ambiente médico.

Figura 1. Portada del libro An Essay of the Shaking Palsy (1817)
Figura 1. Portada del libro
An Essay of the Shaking Palsy
(1817)

Aunque es aceptado que la primera vez que se hizo una descripción de varios síntomas aunándolos bajo una misma enfermedad fue por el ya mencionado James Parkinson, es difícil creer que la enfermedad apareciese por primera vez en la historia de la humanidad durante la transición de los siglos XVIII al XIX, pese a que hubo quienes así lo defendieron y atribuyeron la enfermedad a los efectos ambientales malignos de la Revolución Industrial. La realidad es que existen evidencias históricas que describen a pacientes cuyos síntomas podrían corresponder a la Enfermedad de Parkinson (García et al. 2010).  

El Ayurveda ha sido el fundamento del sistema sanitario indio durante los últimos 5.000 años y se sigue estudiando en la India en 256 centros universitarios. La Enfermedad de Parkinson se menciona bajo el nombre Kampavata (donde el “kampa” significa temblor). En la Medicina Tradicional China este trastorno neurológico que produce temblores ya era conocido;  era referenciado en sus escritos como una enfermedad relacionada con el “viento” y la “humedad”. Incluso hacían referencia a una “píldora anti-temblores” que paliaba los síntomas de la Enfermedad de Parkinson hace más de 2.400 años. Por otro lado, un papiro egipcio de la XIX dinastía, fechado entre el 1500-1200 aC, alude a un rey al que "la edad había aflojado su boca, escupía continuamente": probablemente estuviera describiendo una sialorrea parkinsoniana.

En el libro del Eclesiastés 12; 3-8 de la Biblia hebrea, que alude a las consecuencias de la ira de Dios, encontramos: “En el día que tiemblen los guardianes de la casa y se encorven los hombres fuertes"; en la interpretación hebrea clásica cada parte del cuerpo está representada de forma alegórica, así "los guardianes de la casa" simbolizan las manos y "los hombres fuertes" se refiere a los hombros, es decir temblor de manos y encorvamiento de hombros o captocornea. Hipócrates (460-370 aC) hizo referencia al temblor en personas cuyas manos estaban quietas. Claudio Galeno (129-210 dC) fue, después de Hipócrates, el médico más ilustre del mundo greco-latino. Distinguió el temblor de reposo del producido durante el movimiento. Leonardo da Vinci (1452-1519) advirtió que algunas personas exhibían al mismo tiempo movimientos anormales involuntarios y dificultad para realizar acciones voluntarias. Relataba “aparece claramente en paralíticos cuyos miembros se mueven sin consentimiento de la voluntad y esta voluntad, con todo su poder no puede impedir que las extremidades tiemblen”. Franciscus de le Böe -Sylvius- (1614-1672) realizó varios estudios basándose en los diferentes temblores. Distinguió los que aparecían en reposo (“tremor coactus”) de los que ocurrían cuando el individuo realizaba un movimiento (“motus tremulous”).

Figura 2. Portada de la serie de libros Pax Corpis, escrita por el médico húngaro Papai Pariz en 1690
Figura 2. Portada de la serie de libros
çPax Corpis, escrita por el médico húngaro
Papai Pariz en 1690

Cronológicamente hablando, ya en 1690 un médico húngaro, Ferenc Pápai Páriz (1649-1716), escribió una serie de 8 libros distribuidos en capítulos, denominado Pax Corpis. El título del primer libro es “En las enfermedades de la cabeza”, donde describe enfermedades neurológicas y signos y síntomas psiquiátricos. Dentro de este libro, el tercer capítulo  se llama “Temblores y parestesia de manos, piernas, lengua y otras partes”, donde hace una descripción detallada y acertada de los 4 signos cardinales (temblor, rigidez, bradiquinesia e inestabilidad postural), y además indica que su origen radica en el cerebro. Esta descripción, que ahora conocemos que fue 120 años anterior a la de James Parkinson, y sin los errores u omisiones que James Parkinson cometió, fue escrita en húngaro y no en latín, lo que provocó que el acceso a esta información fuese muy limitada y relegada al olvido (figura 2).

No fue hasta 1817 cuando en la publicación An Essay on the Shaking Palsy (Parkinson et al. 1817), de James Parkinson (figura 3), se describió  “la parálisis agitante” como “movimientos temblorosos involuntarios, con disminución de la potencia muscular en la movilidad pasiva y activa, con propensión a encorvar el tronco hacia adelante y a pesar de caminar a correr; los sentidos y el intelecto no sufren mayor daño.” Se trata de una monografía de la que hubo 8 ediciones; tiene 66 páginas, y se divide en un prólogo que cubre el histórico de la condición que describe y 5 capítulos, donde describe los signos y síntomas, las observaciones de los 6 casos individualizados, el diagnóstico diferencial, la etiología y el tratamiento sugerido (Herzberg et al. 1990).
En el prólogo de su ensayo, Parkinson reconocía que lo que describía eran unas “sugestiones precipitadas” porque había utilizado conjeturas en lugar de una investigación exhaustiva y rigurosa, y admitía, a su vez, que no había realizado exámenes anatómicos rigurosos. Llama la atención que de los seis pacientes descritos, sólo en dos se reunían las manifestaciones típicas de la enfermedad y tres de estos pacientes fueron observados superficialmente (personas de las calles de Londres) (Obeso et al. 2017).

Figura 3. James Parkinson (1755-1824)
Figura 3. James Parkinson (1755-1824)

Parkinson dio como explicación del fenómeno, una alteración en el funcionamiento de la médula espinal, que podría extenderse al bulbo, descartando una afectación más alta, ya que no encontró “modificación del intelecto ni de los sentidos”. Fue muy significativo que no mencionara la rigidez que acompaña a la enfermedad, lo cual ha sido motivo de especulaciones que van desde una falta de minuciosidad en la evaluación de estos pacientes hasta, lo más probable, que fue debido a que en ese tiempo el tono muscular no se examinaba. Considerar que el “intelecto y los sentidos se mantenían intactos” y no incluir los síntomas cognitivos en la descripción de la enfermedad, seguramente fue el resultado de una observación breve de sus casos. Aunque menciona el bulbo, estructura que años después se demostraría involucrada en los estadios de Braak (Braak et al. 2003). Pese a estos errores que solo a día de hoy somos capaces de reconocer, la descripción que hizo sigue maravillando por su brevedad y claridad, denotando una cuidadosa observación de los detalles. El gran mérito de Parkinson consistió en relacionar un conjunto de síntomas y signos en una entidad común.

Figura 4. Portada de Paralysie Agitante de Charcot y Vulpian, escrito en 1862
Figura 4. Portada de Paralysie Agitante
de Charcot y Vulpian, escrito en 1862

El trabajo permaneció en el olvido por varias décadas hasta que en una sesión de la Academia de París fue mencionado como “Patterson” en vez de Parkinson por German Sée. Este galeno francés relacionó la enfermedad reumática del corazón con la Corea de Sydenham y la distinguió de la parálisis agitante. Los médicos franceses, austriacos y alemanes llegaron a hacer una distinción más básica entre el temblor de la esclerosis múltiple y la “muy pequeña conocida como enfermedad de Parkinson”. Jean-Marie Charcot y Edme Felix Alfred Vulpian describen en su obra De la paralysie agitante (figura 4) las alteraciones cognitivas y cómo, por lo general, las facultades psíquicas están afectadas. Charcot, en su trabajo Lecons sur les maladies du systéme nerveux (1875) revisó el tema de la enfermedad de Parkinson y especificó algunos conceptos relacionados con las capacidades amnésicas de los sujetos, afirmando que "en un momento dado la mente se nubla y la memoria se pierde". En 1880 Charcot habla por primera vez de rigidez asociada con la parálisis agitante (García et al. 2010).

Leonard Rowntree, médico estadounidense, visitó en 1912 centros médicos y bibliotecas ingleses. Fue él quien rescató el interés por el trabajo de Parkinson. Santiago Ramón y Cajal (1852-1934) y Charles Sherrington (1857-1952) distinguieron la sustancia negra, el globo pálido, el  tálamo y otras estructuras, que se agruparon con el nombre genérico de ganglios basales. Edouard Brissaud, en 1894, propuso que la parálisis agitante podía deberse a una lesión en la sustancia negra, deducción que hizo al realizar una correlación de un tuberculoma de esa área con lo cual echaba por tierra las teorías que atribuían la enfermedad a problemas musculares o a neurosis. En 1913, Friedreich Lewy (1885-1950), miembro de la escuela psiquiátrica alemana, descubrió en el citoplasma de pacientes fallecidos con enfermedad de Parkinson una estructura redondeada eosinófila que fue denominada como cuerpo de Lewy.

En 1919, Constantin Tretiakoff descubrió la despigmentación de la sustancia negra en nueve cerebros de pacientes parkinsonianos con encefalitis fallecidos.
Arvid Carlsson en 1956 reprodujo un modelo experimental de parkinsonismo en conejos tratados con reserpina. Estableció que la noradrenalina y la dopamina estaban reducidas y sostuvo que la dopamina era un neurotransmisor y los síntomas parkinsonianos se debían a sus bajos niveles en estos pacientes, lo que le valió el premio Nobel en el año 2000.

En 1960 Hornykiewicz y Birkmayer demostraron que los cerebros parkinsonianos tenían de 80 a 90% menos dopamina deduciendo que su administración podría aliviar a estos enfermos.

Figura 5. George Constantin Cotzias (1918-1977)
Figura 5. George Constantin Cotzias
(1918-1977)

La dopamina era conocida desde 1913, Marcus Guggenheim la sintetizó; George Constantin Cotzias (1918-1977) en 1967 la administró como precursor la levodopa en dosis progresivas por vía oral, obteniéndose por primera vez un método terapéutico efectivo (Figura 5).
Fue, pues, en la década de 1960 cuando los investigadores identificaron un defecto cerebral fundamental que es el distintivo de la enfermedad: la pérdida de células cerebrales que produce un neurotransmisor, la dopamina, fundamental en los circuitos cerebrales implicados en el control del movimiento.

Para entonces, como ha ocurrido con otras enfermedades, parecía que el problema terapéutico estaba resuelto. En las siguientes décadas se han descubierto, ensayado y demostrado la eficacia y seguridad de diferentes compuestos dopaminérgicos, con diferentes mecanismos de acción, que han ayudado a ampliar el arsenal terapéutico disponible para esta enfermedad; sin embargo, la levodopa y sus combinaciones, incluyendo la cirugía en sus diversas modalidades, sigue siendo el pilar terapéutico a día de hoy.
A pesar de que todos estos avances han logrado un mejor control sintomático de la enfermedad y alargar la esperanza de vida y mejorar la calidad de vida de los pacientes, la tolerancia, intolerancia o resistencia experimentada por muchos, y los efectos secundarios encontrados con el uso crónico de estos medicamentos hace que se mantenga abierta la búsqueda continua de tratamientos más novedosos, más innovadores y más complejos, para llegar idealmente a un tratamiento que cure la Enfermedad de Parkinson, aunque hasta el momento este objetivo sigue lejos de alcanzarse.

 

REFERENCIAS
García S, López B, Meza-Dávalos EG, Villagómez-Ortíz AJ, Coral-Vázquez R. Breve reseña histórica de la enfermedad de Parkinson. De la descripción precipitada de la enfermedad en el siglo XIX, a los avances en Biología Molecular del padecimiento. Med Int Mex. 2010;26(4):350-373.

Parkinson J. An Essay on the Shaking Palsy. London: Whittingham and Rowland Sherwood, Neely and Jones 1817.

Herzberg L. An essay on the shaking palsy: reviews and notes on the journals in which they appeared. Mov Disord 1990;5(2):162-166.

Obeso JA et al. Past, present, and future of Parkinson s disease: A special essay on the 200th Anniversary of the Shaking Palsy. Mov Disord. 2017 Sep;32(9):1264-1310. doi: 10.1002/mds.27115.
H Braak H., Del Tredici K., Rüb U. et al. Staging of brain pathology related to sporadic Parkinson s disease. Neurobiol Aging. 2003; 24: 197-211


FIRMA
Juan Carlos Parra (estudiante predoctoral de la UEM)

 

 

 

 

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